Empecé a escribir postales desde Alemania en el verano del 2008. Le copié la idea a mi madre, que cada verano escribe a sus amigos desde la torre. Desde entonces he intentado enviar postales desde todos los sitios que he visitado: me hace ilusión mandarlas :) A pesar de que las redes modernas sean algo que me fascina y a lo que le dedico casi todo mi tiempo, la red postal sigue siendo algo único, ya que no solo transmite información, sino literalmente objetos. Esa misma postal que escribo desde la habitación de un remoto hotel será la misma que tenga en sus manos el destinatario: me parece algo realmente especial.

Esta postal llegó a la vez que la visita de la persona que me la había mandado :D

A algunos lugares he podido viajar después de recibir la postal :)
A veces me cuesta darme cuenta de que la red postal es diferente, sobre todo cuando se mezcla con las redes modernas. Por ejemplo, justo después de haber mandado una postal, me sorprende que en una conversación por mail el destinatario todavía no sepa lo que le acabo de mandar y tardo un poco en darme cuenta de que la postal sigue en el buzón esperando pacientemente a que Correos la recoja. Aunque el enorme retardo parezca una desventaja, los mensajes asíncronos pueden servir para comunicar cosas que no tengan prisa y que no haga falta que interrumpan al destinatario haciendo pitar su smartphone.

Las postales también me ayudan a descubrir sitios impresionantes que no conocía!

He traido a Darmstadt las postales que recibí cuando todavía estaba en Madrid
Mirar el buzón al llegar a casa me recuerda la emoción de conectarse para mirar si había e-mails nuevos cuando aún no tenía smartphone: ¿habrá llegado algo nuevo? La ilusión de encontrar algo aparte de spam analógico es genial :) A lo largo de los últimos años he seguido recibiendo postales con recuerdos desde un montón de sitios distintos: han viajado desde lejos y cada postal cuenta una nueva aventura. Las he ido colocando en la cómoda de mi cuarto, pero el fin de semana pasado decidí ordenarlas y ponerlas en un marco parecido al que ya tengo en mi cuarto con postales de hace ya algún tiempo.

Desde que vi la imagen de este monte frente a la costa vasca, tengo pendiente ir

Estando tan relativamente cerca, aún no conozco Portugal: ¡quiero ir! :)
Al igual que con el primer marco, las postales están sujetas con una especie de esquinas adhesivas que en principio están pensadas para álbumes de fotos: la ventaja es que no hace falta pegar las postales y por lo tanto no se estropean. Aunque se pueden volver a sacar sin problema, esta vez las he escaneado por ambas caras, ya que en algunas el texto empieza a borrarse. Sin duda, esa es otra característica única de lo analógico que también me sorprende: mientras lo digital solo puede estar entero o roto, lo analógico da segundas oportunidades para descifrar lo que decían esas tenues letras apenas legibles :D

El cuadro que estaba apoyado en la cómoda está colgado ahora en la pared de enfrente
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